miércoles, 1 de febrero de 2012

Muy comestible y agradable al tacto

Extraído sin más ánimo que el de que la gente invierta 3 eurillos (es lo que me costó en el carrefour) en él:
(Yo añadiría: para ser un listillo, o parecerlo)

Denis Diderot, el amigo de Rousseau, está encarcelado en la torre del castillo de Vincennes, acusado de propagar pensamientos subversivos en sus escritos. Para aliviar su situación, le está permitido pasear por el parque y recibir visitas de vez en cuando. Rousseau emprende el camino de París a Vincennes varias veces por semana para filosofar con su amigo sobre el futuro de la sociedad mientras ambos caminan por el parque del establecimiento. Una de esas tardes, en 1749, Rousseau se dirige a Vincennes. Es un día de octubre especialmente caluroso. Andar bajo el ardiente sol resulta muy cansado, incluso para un paseante ejercitado como Rousseau. Para obligarse a ir despacio, el ginebrino se ha acostumbrado a leer mientras camina. En esta ocasión, lleva la revista Mercure de France consigo. Al ojearla, descubre la convocatoria del concurso anual de la Academia de Dijon. La institución preguntaba acerca del valor moral de los logros culturales: <<¿El progreso de las ciencias y las artes ha contribuido a ennoblecer o a corromper las costumbres?>>. Apenas lee estas palabras, Rousseau se queda como electrificado. Se desploma en mitad de la  calle, rompe a llorar, incluso necesita sentarse un rato, tal es la sacudida que le provoca la idea que acaba de concebir. Ante él se abre un nuevo mundo. En ese preciso momento, en un camino rural polvoriento entre París y Vincennes, bajo la luz resplandeciente del sol de la tarde, nace el crítico de la civilización más influyente de la sociedad moderna, embargado por sus sentimientos, naturalmente.
Rousseau narra estos acontecimientos en su autobiografía y, tal y como es habitual en él, no escatima en emoción ni en preciosismo retórico. Se presenta ante Diderot flotando de excitación. Su amigo le anima a participar en el conclurso. Rousseau responde a la pregunta de la Academia -que esperaba algo completamente distinto- con una inequívoca convicción en contra de la cultura. Por primera vez plasma en un papel la tesis que le ha hecho célebre. Su teoría es la que sigue: cuando el hombre vivía en armonía con la naturaleza, era bueno y feliz; sin embargo, el progreso de la civilización le ha corrompido moralmente, ha causado su infelicidad y le ha robado su libertad. El escrito de Rousseau, Discurso sobre las ciencias y las artes, obtuvo el primer premio de la Academia y su autor se convirtió en una celebridad de la noche a la mañana. Rousseau fue el precursor de la vida sencilla en el campo, del sentimiento y de la sinceridad, del amor romántico y de la libertad del individuo. Es la voz de la Ilustración que anuncia un programa contrario al progreso de la civilización y que contrapone los ideales del sentimiento y de la moral al uso de la razón.
La civilización equivale para Rousseau a la cultura de la gran ciudad: la vida de los ricos y los que poseen educación en el Antiguo Régimen y la cultura de la corte. La civilización supone la imposición de la cortesía y del disimulo. La cultura produce personajes criticones como el Rameau de Diderot. Para Rousseau, la civilización significa masificación y ajetreo, lujo y mentira, frialdad de sentimientos y soledad entre la masa, y demasiada reflexión. La naturaleza es una vida en armonía y sencillez. Una existencia en soledad, tranquilidad, cordialidad en el trato, sinceridad, amistades verdaderas y amor (La nueva Eloísa). Es el mundo de la alimentación sana que evita las enfermedades de la civilización y que hace innecesaria la medicina. En la naturaleza, la vista contempla un paisaje bello, se recupera el ánimo y se celebran fiestas alegres y rústicas en reuniones sin pompa ni etiqueta. Es el único lugar donde el hombre puede ser él mismo, mostrar su autenticidad. El ideal de Rousseau es el "buen salvaje", que si bien puede resultar ingenuo, nunca será falso.
Rousseau odia los libros. Su modelo de niño, Emilio, tiene prohibido aprender a leer hasta cumplir doce años. Pero en este punto, la pescadilla se muerde la cola: si el filósofo no hubiera publicado sus ideas en un libro, no se hubieran extendido por toda Europa y nadie tendría la menor noción de quién era Rousseau. El pensador percibía esta contradicción, se odiaba así mismo por ella y sentía la necesidad de justificarse permanentemente. Se impuso, entonces, así mismo ser crudamente sincero al escribir sus Confesiones. Su autobiografía constituye una autorrevelación despiadada. Sin embargo, al recordar sus faltas morales, el autor se derrite en autocompasión. Al leerlas, uno no puede evitar la sensación de que Rousseau intenta culpar continuamente a otro de la insinceridad de su propia conducta. En una lectura pública de las Confesiones realizada en un salón parisino, el público se indignó con lo que revelaba el autor, hubo un tumulto y la policía tuvo que prohibir las siguientes convocatorias.
Como es natural Rousseau, el apóstol de la sinceridad, despreciaba el teatro, puesto que en él alcanza la máxima perfección el arte del disimulo y el juego de roles. Toda la efectividad del teatro depende de no ser auténtico. Y esto no se aplica únicamente a los actores que interpretan papeles, sino también al público, que gustosamente participa del engaño, de lo que no es "real". El teatro constituye para Rousseau la encarnación suprema de las costumbres corrompidas y la peor de todas las artes imaginables. Pero, también, en este punto debe reconocer el autor, con tristeza, que sus acciones no se corresponden con sus palabras, puesto que escribe obras teatrales y óperas. Incluso llega a presentar una pequeña pieza operística ante el rey, por la que Luis XIV quiere otorgarle una pensión vitalicia. El premio no fue posible porque el creador faltó a la audiencia real ya que temía orinarse encima durante la ceremonia (padecía una imaginaria enfermedad de vejiga).
El alegato de Rousseau a favor de una existencia bajo la máxima "sé tú mismo" le colocó en una situación paradójica. En el intento de comprobar si realmente era sincero, el autor no sólo se observaba así mismo, sino también al mundo que le rodeaba. Sólo comparándose con otras personas podría constatar si él era auténtico. No tiene mucho sentido examinar únicamente nuestro propio ser para comprobar si uno es más auténtico que uno mismo. Pero cuando Rousseau colocaba el mundo bajo su lupa para poder estar seguro de su propia sinceridad, creía reconocer en él mismo la rivalidad, la envidia y la hipocresía. Finalmente llegó a creer que había una conspiración contra él: cada cartero y cada paseante que le saludaba amablemente pasó a formar parte del complot que había urdido Europa (¡!) entera contra su persona. AL final, Rousseau incluyó a Dios en la conspiración: ¡Todo el cielo y la tierra intrigan en contra de Jean-Jacques Rousseau!
Rousseau es el fundador de la crítica moderna de la civilización. Para el autor, la civilización no conlleva una existencia mejor sino todo lo contrario. La cultura significa el mal, la frialdad, la desconfianza y el fingir. La civilización priva a los hombres de su bondad natural y de su libertad. Rousseau maneja contraposiciones simples: cultura contra naturaleza, ciudad contra campo, celebraciones en la corte contra fiestas rurales, apariencias contra sinceridad, inmoralidad contra moralidad, decadencia contra salud, lujo contra sencillez, masa contra soledad, egoísmo contra compasión, lectura contra hachar leña, besos de nata contra copos de avena. Todo lo "natural" es bueno. Por cierto, Rousseau nunca pronunció la conocida proclama "Vuelta a la naturaleza". Pero tuvo que soportar el comentario malicioso de un colega: el gran racionalista de la Ilustración, Voltaire, rechazó la posición anti-intelectual de Rousseau. Voltaire apostilló que al leer a Rousseau a uno le entraban ganas de volver a caminar a cuatro patas.
Rousseau nos resulta conocido. Su espíritu flota sobre las tiendas ecológicas y en las consultas de los médicos naturistas, sobre los seminarios de autorrealización y los talleres rurales de elaboración de queso artesanal. El legado de Rousseau inspira las ideas acerca de la "masificación" de las grandes ciudades, de la "alienación" de nuestra vida debido a las "imposiciones" sociales, del empeño por ser "uno mismo" y de la "frialdad" de las relaciones humanas en la sociedad. Recurriendo a Rousseau, uno puede expresar la indignación moral que le causan las investigaciones médicas o científicas, sin tener que hacer el esfuerzo de informarse con objetividad. Las huellas del testamento de Rousseau gotean de los dedos del turista que, en julio o en agosto, sentado en la terraza de una casa vacacional situada en un país del sur de Europa, moja una gruesa rebanada de pan moreno en el aceite de oliva que queda en el plato, el cual fregará luego en una palangana esmaltada, que previamente ha llenado con agua calentada en un hornillo de gas.

Capítulo dedicado a Lo que hay que leer en cuanto a CIVILIZACIÓN: Jean Jacques Rousseau, Discurso sobre las ciencias y las artes, 1750

Qué bonito es culturizarse, ¡a una le hace sentir tan bien! Rousseau me pondría verde por ello -¡¡¡Exceso de racionalismo!!!- y me sugeriría invertir mi tiempo y dinero en... nu sé, ¿crearme una huerta en la terraza? Sin embargo, mi querido y muerto amigo Rousseau, aún comulgando con muchas de sus ideas, ¿cómo iba a plantearme yo lo que me habriais sugerido -de estar vivo y ser mi amigo real- habiendo transcurrido 262 años desde que escribisteis el punto y final de vuestro discurso sino fuera por uno de... "esos" que detestais -un libro- y ciertos excesos racionalistas que despreciais -y de los que gozo a menudo-?  
*Rousseau levanta una ceja y comunica desde el más allá que ya han aludido antes a sus contradicciones personales, y que ya está bien de hurgar en la herida*
Disculpe, monsieur Rousseau, ha sido un gusto filosofar con vos, cuando quiera repetimos.

miércoles, 25 de enero de 2012

No era el adjetivo adecuado

Reunión de trabajo. Revisión de Cuestionarios.
-"¿Se siente orgulloso/a de su lugar de trabajo?"
-¿Orgullo? hombre... el trabajo está bien, pero no somos ingenieros de la NASA.
 Todos se ríen, menos los jefes, que me miran con cara de póker.

Como diría Mariano: al pan, pan, y al vino, vino.

lunes, 23 de enero de 2012

http://www.leysopafuera.blogspot.com/

Espero que sea una dramatización para motivar a la gente, ¿o es que nos acercamos inexorablemente a 1984? (es una pregunta retórica).

domingo, 22 de enero de 2012

Lazy Dimanche

Hoy he estado recordando a mi Yo de hace ten years. Se dice tan pronto porque las palabras son así de rápidas, pero la verdad es que de aquí a allí hay un tiempo de gran envergadura y sin embargo -y como ratificación de la teoría de la relatividad de Einstein- miro y parece que fue ayer.
Y me siento como Louis caminando por las ruinas próximas al cementerio La Fayette, apartando las ratas muertas del viejo camino conocido, dejando por primera vez huellas sobre un polvo acumulado de años. Penetrando en la habitación ruinosa que una vez fue su hogar y reencontrándose con un pasado decrépito, escuchimizado en una silla, pavoroso. 
Le ofrece su mano como consuelo.
-¿Recuerdas como era yo? ¡qué... vampiro... era... yo! 
Gime la sombra de Lestat. 
Y ambos sonríen con beatitud, recordando un pasado que queda lejos, que les marcó a fuego, que les unió y les separó, y a pesar del dolor queda algo que les hace todavía sonreír. 
Touché.
Me dolió tanto cuando Louis aparta la mano y la expresión cadavérica de Lestat se vuelve ceniza, comprendiendo que no ha venido a salvarle sino a cerrar definitivamente una puerta que quedó entreabierta. 
Y allí le deja, para que muera solo. 
Quizá Louis ya estaba muerto y no esperaba nada más del pasado, sabía que no podía revivirlo ni reavivarlo. Estaba definitivamente acabado. Y es que en todos los años que habían pasado desde allí hasta ahora aprendió a sobrevivir con el vacío del presente, ese que Lestat no podía tolerar y contra el que se encoge empequeñecido, luchando sin fuerzas. 
Siempre tan diferentes y opuestos.
-Oh Louis, Louis... ¡siempre quejándote! ¡he tenido que oír eso durante siglos!


Lestat siempre me hizo quererle y odiarle a ratos por mamonazo. Pero cuando desaparece de la narración y de escena, deja ese enorme agujero negro clásico de las supernovas. 
Quizá porque siempre he sido un Louis, el patético Louis que vive y se alimenta de la sombra de soles más radiantes que le iluminan y brillan con demasiada intensidad, que termina solo caminado por las calles silenciosas del futuro, silbando para anunciar su presencia a los desconocidos que se cruzan con él, dándoles una oportunidad para escapar antes de mostrarle sus dientes.  

In Memoriam. Por las sonrisas de lado y los ojillos brillantes.


-¡¿Es que no has aprendido nada?! -grita Louis a su entrevistador.
Lo deja tirado en el suelo, medio estrangulado, sabiendo que lo ha empujado irremediablemente a la búsqueda de la cálida sombra de Lestat. 
Y así renace la estrella que atrae nuevos planetas con su fuerza, que los atrapa bajo su órbita. 
La vieja historia del Universo.

viernes, 20 de enero de 2012

Apocalipsis now

Bueno, tengo esto abandonado y al final hemos llegado al año del Apocalipsis, tú y yo, juntos. Puestos a elegir, este parece un buen año, el mejor, para mandarlo todo a la mierda, con el aire funesto que circula por todo el planeta (y no me refiero a la polución, aunque también). Es un año cutre, chungo, penoso, con toda la gente hablando de corrupción, recortes, pobreza, miseria... y ojalá sólo se tratara de miseria económica, pero no, por desgracia abarca todos los palos del flamenco, blablabla. Sálvese quien pueda.
Ayer escucho a un tipo representante de una agencia de esas que no saben nada salvo de cifras macroeconómicas y se las trae al pairo la gente, las sociedades, los pueblos. Habla el tío con un castellano con acento de nosedonde, diciendo que las reformas y  recortes están bien pero son insuficientes, España tiene que recortar más en sanidad y educación. Y yo me pregunto qué derecho tiene a opinar respecto a lo que es de todos si a él solo le interesa lo que es de unos cuantos. ¿Quién coño gobiernan los países, para qué mierda fingimos vivir en un sistema democrático cuando los que dictan las normas a seguir son cuatro o cinco que, por cierto, no han pisado un hospital ni un colegio público en sus vidas ni tendrán que llevar allí a sus madres, hijos y familia porque les sobran los billetes y prefieren los lujos de la privada? Esa gente que dicta normas y directrices macroeconómicas sin pensar en la sociedad de a pie que tendrá que soportarlas son unos putos egoístas que no piensan en nadie más que en sí mismos y en los de su camarilla. Están cargándose la clase media. Están quedándose con todo el pastel, frotándose las manos ante las oportunidades empresariales que la crisis les ofrece, privatizando lo público,  creando un abismo entre pobres y ricos. Y nosotros somos idiotas por permitirlo y tragarnos el mensaje.
Estoy hasta los ovarios de esta campaña de desprestigio contra lo público. Ahora resulta que el gran demonio a exorcizar no son los especuladores sin escrúpulos, los creadores de burbujas tóxicas, los que quieren dinero rápido y ficticio y salen de puntillas cuando el desastre les estalla a otros en la cara, o los que gestionan nuestro dinero para engordar los bolsillos de sus empresas afines. NO, señoras y señores, resulta que la culpa de todo la tienen... ¡los funcionarios! los médicos, los profesores y los administrativos de ventanilla, que son todos unos vagos, que no quieren echar horas extras y que se creen que su puesto de trabajo les pertenece en propiedad. Esta mañana tengo que escuchar a un distinguido señor trajeado representante de no se quién, ni me importa -aunque me asusta que haya gente tan imbécil como para tragarse su mensaje- que habla de su experiencia personal en una oficina de justicia, donde los funcionarios entran a trabajar una hora más tarde de su horario, que le consta que no trabajan su jornada de siete horas estipulada, sino que echan cuatro o cinco como mucho, y que la culpa de que la justicia en este país sean tan pésima la tienen ellos. Y se queda tan pancho. 
Otra contertulia -representante de los funcionarios- le pide que especifique de qué oficina se trata, que de nombres y apellidos, que se moje en vez de espolear a los televidentes con el estereotipo generalizado del funcionario maleante. Cómo es lógico, el tipo no se moja (una de dos, o no tiene cojones para hacerlo sabiendo la que le vendrá encima, o no tiene pruebas y es un mentiroso). No nos engañemos, es esto lo único que hace -lo único que sabe hacer-: espolear las mentes de los miles de parados que están viendo la televisión, que no tienen un euro en el bolsillo, soltando ideologías por la boca disfrazadas de realidades abstractas, dándoles un enemigo fácil al que odiar, el funcionario maleante (¿quién no ha tenido una experiencia similar con un funcionario de ventanilla?). Y así se crean las turbas populares, se manipula a las masas y se crean grupos de opinión, blablabla, recurriendo al odio fácil y sencillo (argumento clásico para atacar también al inmigrante, al extranjero, a las minorías, etc). Es más fácil odiar a un yonki carterista, o a un funcionario de mal humor que se niega a sellarnos un documento, que a un tipo trajeado y engominado que acude a los tribunales con su elegante corbata por haberse quedado con cantidades indecentes de dinero de las arcas públicas (American Psycho, libro o película, retrata a la perfección la sencillez con la que se puede manipular la opinión de la gente con algo tan simple como las apariencias, que es lo mismo que decir "estereotipos") ¿Le interesa a la gente la verdad verdadera o es más fácil creerse el mito? ¿qué dicen esos manipuladores de la opinión pública que acusan a los inmigrantes de saquearnos la Seguridad Social del hecho de que ésta haya tenido un respiro gracias a las aportaciones y al crecimiento de la población inmigrante? 

Hechos, quiero hechos. Argumentos. Verdad. No me espolees con banderas e ideologías, convénceme con argumentos. Esto es pedir demasiado a nuestros gobernantes, políticos, estadistas y periodistas alimenta-campañas. Algunos se salvan, algunos están luchando por sacar la verdad a la luz pero, por desgracia, aún son pocos y con escasa audiencia.
 
Sí, hoy me estoy liando a insultar, he inhalado demasiado aguarrás pintando, y además, se me agota la paciencia y la diplomacia, de las que siempre he sido garante y representante. Desde que vi el documental "La Doctrina del Shock" (http://www.naomiklein.org/shock-doctrine) me quedé tan indignada, tan enfurecida, tan rabiosa, que mi furia va subiendo notas en la escala musical. DO-RE-MI-FA-SOL-LA-SIIIIIII...
Todavía me acuerdo cuando me explicaron aquello de los tres estamentos en el colegio respecto a la sociedad del Antiguo Régimen: Tres Estamentos, Nobleza, Clero y el saco roto del pueblo donde cabía de todo menos los otros dos. Y éstos, los más pobres y desgraciados, eran los únicos que pagaban y sostenían al Estado con sus impuestos, y yo me decía, ingenua de mí, ¿pero qué injusto, no? ¿no sería más lógico que contribuyeran todos y que pagara más el que más tiene? ay... que poco sabía yo de la vida entonces. 
Y aquí estamos, en el apocalipisis, con todas esas voces grises anunciando recortes, esfuerzos, sacrificios, quitándonos derechos conquistados, robándonos en nuestra jeta, pidiendo más "por el bien del Estado" mientras a las grandes fortunas (la Nobleza-Clero de hoy) no se les toca ni un pelo. Y nosotros, los de a pie, dejándonos engañar y manipular, dejándonos saquear con una sonrisa en la cara. Mientras cae en picado la venta de coches de gente de a pie y se duplican las ventas de los coches de lujo. Pero sí, ¡funcionarios a la calle! eso lo solucionará todo. 
Se me revuelve la bilis.
Y mientras en Cataluña muere una mujer a la que no operan en 4 días y a la que trasladan de hospital 5 veces, y todo porque con los recortes no hay quirófanos abiertos por las tardes, ni equipos preparados para operar, ni mierda. Y muere de un aneurisma por la desidia y la indiferencia de esos mamones que nos gobiernan y han despilfarrado el dinero de todos, que se han plegado sin rechistar a la dictadura del Mercado, esa gentuza que dice, "no es suficiente, aún hay que recortar más, cerrar más, privatizar más" y si muere la gente ¿qué coño me importa? no será mi madre ni mis hijos los que van a pudrirse en un hospital público, ¿por qué me iba a preocupar por las madres de los demás? que se la apañen. ¿Y tú te lo crees? ¿en serio?
Yo no me creo nada. Los casos de corrupción nos estallan en la cara. En mi ciudad abre un museo sin piezas ni obras. Uy, resulta que el Ayuntamiento les dio el dinero a una empresa gestora que debía encargarse de todo, pero varios años después el dinero del museo no está, y el museo tampoco. ¿Dónde se habrán metido? Quién sabe donde. ¿No había nadie que supervisara qué estaba pasando con el dinero público? jajaja, risitas. Bueno, dice el alcalde, al menos ahora tenemos un edificio rehabilitado para la ciudad, aunque esté vacío, sin museo.
También tenemos el primer y único aeropuerto peatonal del mundo en Castellón, sin aviones ni pasajeros, una ruina absoluta, una catástrofe, pero ¡ey! la gente puede pasear por las pistas de los aviones, ¿no es bonito? van allí a sacar a sus perros y a sus niños, y admirar al único aeropuerto fantasma del mundo, tan silencioso, oye! 
Pues no, la culpa de esta ruina, de esta estafa y este desfalco que ha costado 5 millones a las arcas públicas, no la tuvieron los profesores, ni los médicos de atención primaria, ni siquiera el funcionario de ventanilla que esta mañana no desayunó all bran de kellogs, la culpa la tiene un tipo trajeado y bien peinado que se cree Todopoderoso, que actúa con total impunidad bajo el disfraz de "servidor público" firmando contratos calamitosos con el dinero PÚBLICO, de todos, que regala a su amigote -dueño de la empresa encargada de construir el aeropuerto silencioso-. Se dan palmaditas en la espalda y se ríen juntos en su despacho mientras fuman puros, disfrutando del soleado futuro mientras se reparten el pastel que a los currantes de a pie les ha costado tanto sufragar. 
Estos caballeros tan distinguidos y sus amigotes que han disfrutado de los años del TodoEstáPermitido son los que de verdad tienen la culpa. Estos mismos que ahora nos dicen que tenemos que sacrificarnos un poquito más, sin rechistar, por el bien de todos. 
Y la culpa es nuestra, por dejar que los casos de corrupción no afecten lo más mínimo a los partidos políticos, que vuelven a revalidar su poder incluso con mayoría absoluta, es algo así como vergonozoso... Por creernos las mentiras, por dejarnos manipular, por aceptar las collejas mientras unos pocos privilegiados se compran ferraris.
Pues vale, estoy cabreada. Pero también desencantada y amargada pensando que sí, este debe ser el Apocalipsis, que no viene en forma de guerra ni meteorito llegado del remoto Universo, sino de patetismo y decadencia. Por ver las noticias, que en China hay revueltas en la calles, no claman mayor democracia o justicia, NO, es que no pueden comprar del nuevo Iphone porque las autoridades no pueden garantizar la seguridad de los vendedores de las tienda bajo el furor de las masas... buajaja. Lagrimita.
Marx dijo que la Religión era el opio del pueblo. Ahora la tecnología (internet, la televisión, las redes sociales, la ficción) es el nuevo opio.  "Pan y circo", que dijo Juvenal.
¡Bienvenidos a la Hiperrealidad! El verdadero Apocalipsis.

PD. Esto es lo que se dice un mal día!

   

viernes, 25 de noviembre de 2011

Porca miseria!

Después de una sesión de pintura como la de hoy quisiera arrancarme los ojos, clavarles palillos de dientes y colocarlos en el último piso de mi futura gigantesca e imaginaria tarta de cumpleaños para zampármelos sin masticar. 
O tal vez en una copa de martini, en sustitución de las aceitunas.
Por supuesto yo sabía que no sabía pintar antes de meterme en estos berenjenales, pero soy una ilusa incurable, nunca pierdo la esperanza de despertarme un día y descubrir que soy una genia picasiana... (la paciencia es una virtud hasta que se convierte en lacra y autoengaño y pérdida de tiempo).

Y hablando de decepciones, ¿qué ha sido de ti, Manolo? Me pierdes con tanto barroqui-qui-quisssmo, tantos rizos y tanta jodida poesía del Renacimiento... Fintas en las fintas de las fintas. Me alegro por tu éxito y tal y cual, pero ¿dónde leches quedaron las canciones afiladas como cuchillos, las sopas de letras instantáneas, el aire a loco urbano de alma mitológica, el burlarse de uno mismo?  lo echo de menos. Ya sé, que ya no tienes veinte años, que ya no eres el mismo que fuiste, pero jo, esa toga de sabiduría con la que te has revestido no me gusta nada... te hace parecer viejo, agotado y débil. Al final va a ser que la culpa de tu encanto la tenía Quimi Portet...

A las pruebas me remito:

Manolo García 2011 "Creyentes bajo torres de alta tensión"

He vuelto sin ti al rincón olvidado

de una infinita campiña sin senderos ni cercados.

He vuelto a esa nada poblada de calles

vacías de gente.

Como en un sueño, de todo ausente;

alejado y creyente de estampas, creyente.

Creyente en ejido anegado de alelíes,

de pájaros bobos, de poetas rotos

sobre las arterias

de asfalto que contigo arreciaron.

Hacia los confines vírgenes remotos

de cielos prometidos, falsos,

que son llanto quedo de garzas en vuelo.

Creyente sobre torre de marfil.

Creyente, creyente.

He vuelto sin ti al Edén soñado,

de una infinita campiña sin senderos ni cercados.

He vuelto a esa nada vacía de calles

pobladas de gente.

Como en un sueño, de todo ausente.

Alejado y creyente de Ilíadas, creyente.

Creyente en un campo anegado de pecados,

creyente en un pozo de petróleo en alta mar,

de pájaros bobos, de muñecas rotas bajo luminarias,

de calles que contigo amanecí,

hacia los confines de galaxias solitarias

porque al averno arrastran.

Creyente bajo torres de alta tensión.

Creyente en vuelo libre sin motivo ni motor.


El Último de la fila 1986 "Mi patria en mis zapatos"

Jamás he podido respetar esas extrañas leyes.
Jamás lo podré disimular,
luna vuela y hazme a mi volar.
Estás tan lejos de mí que a veces pienso que nunca te encontré.
Un mundo extraño, dormido, a punto siempre de estallar.
Digo que volveré, primero debo aprender a caminar.
Sin ti sobreviviré, muy lejos tu nombre me acompañará.

Mi patria en mis zapatos, mis manos son mi ejército;
nace luna fría, nace y hazme olvidar.
Mírame, soy provisional;
tú también y nadie te comprenderá.
Quédate un minuto más;
luna azul descansa y hazme descansar.

Correré y gritaré si realmente queda algo que gritar
Lucharé y conquistaré si en verdad queda algo por conquistar.
Hablar donde las palabras mueren; mis ojos llegan más allá;
soñar, trabajo de dioses; luna vuela y hazme a mí volar.
Extrañas leyes en un mundo extraño.
Como a una niña de verdad te encontré llorando
 
Tomorrow will be other day!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Triste Figura

Siempre quise visitar el Monasterio de Yuste, ese silencioso lugar donde Carlos I se retiró de la existencia mundana. Tuve la oportunidad de visitarlo y escuchar muchas de las historias del Rey de barbilla alzada, quien se declaró en luto perpetuo por su reina muerta y al final de su vida se lamentó de un reinado que  no fue más que una guerra tras otra, mientras su fantasía de imperio se desvanecía. Profundamente religioso (hasta la exasperación), enfermo de gota y lastrado por el dolor, cuando paseé por la que había sido su última morada, parecía seguir allí. En su pequeño despacho podía imaginar el crepitar de las llamas de la chimenea, aunque no estaba encendida. Al haberse declarado en luto perpetuo, todas las paredes de su casa-palacio estaban revestidas con pesadas cortinas negras que devoraban toda pequeña luz en aquel aislado rincón entre montañas. En su dormitorio, frente a su oscura cama de dosel y las cortinas de terciopelo negro inundándolo todo, casi pude sentir al hombre triste y patético que ubicó su cama frente a una ventana que daba al altar mayor del monasterio, para poder presenciar las misas de los monjes Jerónimos tres veces al día sin tener que levantarse de la cama. 
Pensé, cuánta tristeza y amargura concentrados en tan poco espacio. Pero también, mientras escuchaba el relato de la guía y miraba las expresiones serias del resto del grupo, cuánto patetismo que nos hace a todos humanos, que nos conecta unos a otros a pesar de los siglos de distancia y el rancio abolengo, siendo solo personas.  
Claro que luego se me acercó un guarda de seguridad para prohibirme que hiciera más fotos del interior del Real Sitio y me jodió todo el encanto humanístico del momento.