domingo, 22 de enero de 2012

Lazy Dimanche

Hoy he estado recordando a mi Yo de hace ten years. Se dice tan pronto porque las palabras son así de rápidas, pero la verdad es que de aquí a allí hay un tiempo de gran envergadura y sin embargo -y como ratificación de la teoría de la relatividad de Einstein- miro y parece que fue ayer.
Y me siento como Louis caminando por las ruinas próximas al cementerio La Fayette, apartando las ratas muertas del viejo camino conocido, dejando por primera vez huellas sobre un polvo acumulado de años. Penetrando en la habitación ruinosa que una vez fue su hogar y reencontrándose con un pasado decrépito, escuchimizado en una silla, pavoroso. 
Le ofrece su mano como consuelo.
-¿Recuerdas como era yo? ¡qué... vampiro... era... yo! 
Gime la sombra de Lestat. 
Y ambos sonríen con beatitud, recordando un pasado que queda lejos, que les marcó a fuego, que les unió y les separó, y a pesar del dolor queda algo que les hace todavía sonreír. 
Touché.
Me dolió tanto cuando Louis aparta la mano y la expresión cadavérica de Lestat se vuelve ceniza, comprendiendo que no ha venido a salvarle sino a cerrar definitivamente una puerta que quedó entreabierta. 
Y allí le deja, para que muera solo. 
Quizá Louis ya estaba muerto y no esperaba nada más del pasado, sabía que no podía revivirlo ni reavivarlo. Estaba definitivamente acabado. Y es que en todos los años que habían pasado desde allí hasta ahora aprendió a sobrevivir con el vacío del presente, ese que Lestat no podía tolerar y contra el que se encoge empequeñecido, luchando sin fuerzas. 
Siempre tan diferentes y opuestos.
-Oh Louis, Louis... ¡siempre quejándote! ¡he tenido que oír eso durante siglos!


Lestat siempre me hizo quererle y odiarle a ratos por mamonazo. Pero cuando desaparece de la narración y de escena, deja ese enorme agujero negro clásico de las supernovas. 
Quizá porque siempre he sido un Louis, el patético Louis que vive y se alimenta de la sombra de soles más radiantes que le iluminan y brillan con demasiada intensidad, que termina solo caminado por las calles silenciosas del futuro, silbando para anunciar su presencia a los desconocidos que se cruzan con él, dándoles una oportunidad para escapar antes de mostrarle sus dientes.  

In Memoriam. Por las sonrisas de lado y los ojillos brillantes.


-¡¿Es que no has aprendido nada?! -grita Louis a su entrevistador.
Lo deja tirado en el suelo, medio estrangulado, sabiendo que lo ha empujado irremediablemente a la búsqueda de la cálida sombra de Lestat. 
Y así renace la estrella que atrae nuevos planetas con su fuerza, que los atrapa bajo su órbita. 
La vieja historia del Universo.

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