viernes, 10 de abril de 2015

Volver, volver, volver

Expediente X vuelve. Twin Peaks vuelve. ¿Qué está pasando? the olders rocks. Vale, ni siquiera sé si lo he escrito bien, pero es igual, porque los purilis siempre hemos hablado fatal el inglés. Los que crecimos jugando en los recreos a interpretar a"¿quién mató a Laura Palmer?" (porque entonces yo no lo llamaba Twin Peaks, sino así, en spanish edition, porque como ya he dicho el ingles no se me daba bien), o veíamos Expediente X en Telecinco cada semana y nos enamoramos de un tío que comía pipas y decía cosas como "esa es la esencia de la ciencia Scully, haz una pregunta impertinente y quizás obtengas una respuesta pertinente", y hasta creíamos en la posibilidad -remota- de que hubiera vida extraterrestre ahí fuera, (y participamos un tiempo en el proyecto SETI, hasta que, como diría Mulder, dejamos de creer y lo mandamos todo al carajo porque necesitábamos más espacio libre en el PC), nosotros que crecimos con disquettes, casettes y PC 486, que consultábamos la enciclopedia Larousse y llevábamos walkman por las calles (to molones)... nosotros estamos de Enhorabuena. Porque nunca habrá suficiente Twin Peaks ni suficiente Expediente X en el mundo, y ya es hora de que las nuevas generaciones lo conozcan. ¿Cómo será ver a Mulder medio calvo y a Scully con patas de gallo discutiendo sobre paradigmas científicos? ¿qué sentirá mi pobre corazón cuando contemple al enigmático agente Cooper con el pelo gris haciendo uso del incosciente colectivo?
Para morir de felicidad sólo me faltaría escuchar de nuevo a Chris en la Mañana desde la K.O.S.O, más gordo, calvorota y con cinco o seis hijos, monologando sobre arte, filosofía o el instinto de supervivencia. ¡Mini serie de doctor en Alaska ya! 


lunes, 24 de noviembre de 2014

¿La armada invencible?

Es cierto que después de ver Salvados y El Objetivo acabo de muy mala leche, pero, al mismo tiempo, surge una luz, llamémosle chispazo efímero en un negro abismo absorvente, al pensar que hay gente, profesionales, preparados, dispuestos para el despegue, listos para forzar cambios en este sistema político de mierda, antidemocrático y opaco que nos gobierna.  (Un pareado me ha salido entre mierda y gobierna, por qué será).
Lo que tengo muy claro, aunque me cueste una úlcera, aunque me digan que soy un coñazo, es que seguiré leyendo, viendo y escuchando en la medida de mis posibilidades (y mi adicción a la procastinación), porque eso de apagarlo todo para evitar cabreos y mala hostia, darse el lujo de vivir en los mundos de yupi ajeno al derrumbamiento de todas las instituciones públicas y la civilización (al menos una a la que no te de vergüenza pertenecer), es como seguir tocando el violín mientras el Titanic se hunde, sólo que quitándole todo componente poético a la escena... O sea, una manera muy gilipollas de ahogarse cuando podrías emplear ese tiempo maravilloso en buscar madera y construirte una balsa. 
(Sí, mis ídolos infantiles eran McGuiver e Indiana Jones, ergo, siempre hay recursos, siempre hay posibilidades, ¡prohibido rendirse!). 
Si no te cuestionas nada, si no aprendes la de cosas que se podrían cambiar, construir y desarrollar, si no buscas un modelo a seguir y por el que luchar, si te limitas a soltar vituperios y acusar a toda la peña de chorizos y maleantes y gritar a los cuatro vientos que no quieres saber nada de política ni de "chorradas" ¿quién va a conseguir que las cosas cambien? 
Hay que coger el timón y sacar el barco a flote, aunque acabemos siendo una tripulación llena de úlceras, mala hostia y vocabulario barriobajero a fuerza de tanto gritar, ¡vividores de mierda! ¡a currar a jornada partida por 800 euros te ponía yo!
 

martes, 30 de septiembre de 2014

¿Qué intentas decirme, Inconsciente?

Por el camino Jesse y yo no nos miramos, caminamos en silencio, mirando hacia delante, pero muy cerca el uno del otro. Nuestras manos se rozan sin querer, pero luego se buscan como si el encuentro fuera inevitable. Tímidamente se agarran, y es una sensación rara porque no nos miramos, pero experimentamos el deseo y los nervios de dos enamorados que están declarándose silenciosamente. Al final, nuestras manos se aprietan y se aferran la una a la otra. Permanecemos así un buen rato,  disfrutando de la sensación de atravesar el mundo cogidos de la mano. Sin decir nada. De nada. Sin mirarnos. Aunque seamos tan diferentes y encajemos tan poco. 
Ambos nos miramos al fin y yo bromeo con nuestra pasión edulcorada de postal: “¿Qué tontos, no?” Jesse se echa a reír enseñándome todos sus dientes blancos y perfectos, y me dice, “siií”, como si yo acabara de decir justo lo que él estaba pensando.

(Quién: Jesse Pinkman. ¿Cuándo? esta noche. ¿Dónde? en mi sueño. ¿Por qué? ni idea, ¿Jesse? ¿JESSE? O sea, es tan noblote... pero... ).  

El inconsciente y sus respuestas a preguntas no formuladas (conscientemente).


lunes, 8 de septiembre de 2014

Burbujas y atmósferas

Es increíble la de gente a tu alrededor a la que puedes sorprender, repentinamente, llorando. Últimamente me pasa a menudo, y es raro... Raro sentir cómo se hace añicos esa burbuja de cristal en la que nos solemos aislar. Mostrarnos ante los demás -forzados por ese martillo imaginario que nos ha roto- tan profundamente humanos. Y no sé por qué siento cierto alivio (luego de todo el mal rollo por mi torpeza congénita en manejar la situación). Será que esa breve y fugaz desnudez emocional me demuestra que hay oxígeno en la atmósfera (todavía) Que estamos vivos (aún). Que todavía podemos llorar y sentir... (no sé hasta cuando), aunque la vida a veces sea una zorra. Aunque a veces quien llora no sea el espíritu santo y tenga mucho que aprender y mejorar (y sabes que probablemente no lo hará nunca porque no le da la gana). Aunque quien escucha sea un poco lerda para hacerle entender que lo importante es... ¡que estamos vivos y somos humanos! (yo también tengo mucho que aprender y mejorar).
Todo esto suena cursi, pero es verdad. Ver documental Home para entenderlo un poco mejor. 
Todo está conectado. Todo se acelera. Todo se va a ir a la mierda a no ser que se rompan más burbujas y se invoque a lo verdaderamente humano. Tenemos 10 años antes del inicio de la autodestrucción. Sé que perderemos la apuesta, pero quiero creer... quiero creer de verdad.   


domingo, 31 de agosto de 2014

Sin misión ni libro de pistas

Domingo 31 de agosto. Es un buen día para la reflexión porque A) es domingo, y B) es 31 de agosto. Final de la semana, final del verano. Cerramos una puerta, abrimos una ventana, encendemos a media luz y esperamos. ¿A qué? a que salga el sol por Antequera. 
Podría estar esperando toda la vida. ¿Y qué hacer ahora? con tu vida, me refiero. ¿Qué haremos, tesoro? seguiremos esperando en la madriguera oscura y helada a que se cuele un maldito hobbit ladrón que nos obligue a cumplir nuestra misión en el mundo. ¿Pero y si naciste sin misión en el mundo? ¿y si en verdad todos se olvidaron de ti, hasta el gran creador de historias, el que establece las misiones y te coloca un resumen orientativo en el casillero para que lo recojas por la mañana temprano y te pongas manos a la obra? "si señor, señor" murmuran todos los soldados y se van marchando uno a uno al frente, mientras tú sigues mirando, rezongando en tu cubil, burlándote de ellos, luego frunciendo el ceño cual criatura dolida porque se quedó sin papel en la gran obra de teatro del Universo...
¿Y qué haremos ahora? escuchar cómo cantan los pájaros, sentir que los días se acortan y se fulmina el verano. 
No podemos hacer otra cosa que imponernos nuestra propia misión, auto-obedecernos, "sí señora, señora" escoger un jamelgo y una armadura oxidada y salir ahí fuera, aunque nos perdamos sin mapa ni libro de pistas. 

Yo de pequeña tenía un libro de pistas de Monkey Island I editado por Lucas Art. Estaba escrito a modo de relato, como si fueran los diarios perdidos del mismísimo Guybrush Threepwood... Cómo me gustaba leerlo y recrearme jugando la vida de otros... sobre todo juegos de aventuras, siempre aventuras, supongo que para compensar. 

¡Mira detrás de ti, un mono de tres cabezas! qué frase mítica. 

Brrrrr, odiando los domingos forever.

   

miércoles, 18 de junio de 2014

Respecto a los caballeros

Estaba en un maldito atolladero. El decoro exigía que no actuase dominado por el pánico. Tenía un pánico mecánico y normal que le impulsaba a apartarse del dinero. Los caballeros no ganan dinero. Los caballeros, de hecho, no hacen nada. Se limitan a existir. Perfuman el aire como lirios virginales. El dinero les llega como el aire a través de los pétalos y las hojas. Así el mundo es mejor y más colorido. ¡Y, por supuesto, de ese modo la vida política puede seguir siendo limpia…! No se puede ganar dinero.
Ford Madox Ford. El final del Desfile. 
Esto me ha hecho reír...
(Dios salve a la ironía, esa grannnnn Diosa).






sábado, 7 de junio de 2014

El Final del Desfile

Ford Madox Ford era un tipo complejo. Los capítulos de su libro "El final del desfile" son largos, tan largos, tan densos, tan complejos, tan saturados... que a veces me dan ganas de gritar (o de coger aire). Y si embargo, no puedo dejar de leer uno hasta que llego al próximo, temo que si me dejo el capítulo a la mitad perderé algo que sólo encontraré si lo leo completo. Es un lento y confuso discurrir de puntos de vista, pensamientos y emociones encontrándose, es raro, agotador, y al mismo tiempo adictivo. 
Parece que cada capítulo es una obra de teatro que dura horas... a veces literalmente (de hecho, el libro, compuesto por 4 libros, tiene 900 páginas).

Joder, cómo ha cambiado la literatura en casi un siglo. 

Creo que tengo un crush con la literatura de principios del siglo XX. 
Creo que tengo un crush (severo) con el severo señor Christopher Tietjens y su manía de ser -tan íntegramente- él mismo.

-¡Ven con nosotros! llevo todo el día respondiendo a tonterías. Sólo me falta ver a otro idiota más y habré terminado por hoy.
Ella dijo:
-No puedo ir contigo, llorando así.
Él respondió:
-Pues claro que puedes. Aquí es precisamente donde lloran las mujeres. -Añadió-: Además, está Mark, es un borrico muy tranquilizador.
La llevó a donde estaba Mark.
-Ocúpate de la señorita Wannop -le pidió-. Querías hablar con ella ¿no? -Y corrió como un tendero diligente hacia el lúgubre vestíbulo. Tenía la sensación de que si no veía pronto a algún idiota imperturbable con insignias rojas, verdes, azules o rosas, que tuvieran ojos de pez y preguntase las cosas que preguntan los peces en las peceras, él también se vendría abajo y se echaría a llorar. ¡Con alivio! ¡No obstante, en aquel lugar también lloraban los hombres!