lunes, 8 de septiembre de 2014

Burbujas y atmósferas

Es increíble la de gente a tu alrededor a la que puedes sorprender, repentinamente, llorando. Últimamente me pasa a menudo, y es raro... Raro sentir cómo se hace añicos esa burbuja de cristal en la que nos solemos aislar. Mostrarnos ante los demás -forzados por ese martillo imaginario que nos ha roto- tan profundamente humanos. Y no sé por qué siento cierto alivio (luego de todo el mal rollo por mi torpeza congénita en manejar la situación). Será que esa breve y fugaz desnudez emocional me demuestra que hay oxígeno en la atmósfera (todavía) Que estamos vivos (aún). Que todavía podemos llorar y sentir... (no sé hasta cuando), aunque la vida a veces sea una zorra. Aunque a veces quien llora no sea el espíritu santo y tenga mucho que aprender y mejorar (y sabes que probablemente no lo hará nunca porque no le da la gana). Aunque quien escucha sea un poco lerda para hacerle entender que lo importante es... ¡que estamos vivos y somos humanos! (yo también tengo mucho que aprender y mejorar).
Todo esto suena cursi, pero es verdad. Ver documental Home para entenderlo un poco mejor. 
Todo está conectado. Todo se acelera. Todo se va a ir a la mierda a no ser que se rompan más burbujas y se invoque a lo verdaderamente humano. Tenemos 10 años antes del inicio de la autodestrucción. Sé que perderemos la apuesta, pero quiero creer... quiero creer de verdad.   


domingo, 31 de agosto de 2014

Sin misión ni libro de pistas

Domingo 31 de agosto. Es un buen día para la reflexión porque A) es domingo, y B) es 31 de agosto. Final de la semana, final del verano. Cerramos una puerta, abrimos una ventana, encendemos a media luz y esperamos. ¿A qué? a que salga el sol por Antequera. 
Podría estar esperando toda la vida. ¿Y qué hacer ahora? con tu vida, me refiero. ¿Qué haremos, tesoro? seguiremos esperando en la madriguera oscura y helada a que se cuele un maldito hobbit ladrón que nos obligue a cumplir nuestra misión en el mundo. ¿Pero y si naciste sin misión en el mundo? ¿y si en verdad todos se olvidaron de ti, hasta el gran creador de historias, el que establece las misiones y te coloca un resumen orientativo en el casillero para que lo recojas por la mañana temprano y te pongas manos a la obra? "si señor, señor" murmuran todos los soldados y se van marchando uno a uno al frente, mientras tú sigues mirando, rezongando en tu cubil, burlándote de ellos, luego frunciendo el ceño cual criatura dolida porque se quedó sin papel en la gran obra de teatro del Universo...
¿Y qué haremos ahora? escuchar cómo cantan los pájaros, sentir que los días se acortan y se fulmina el verano. 
No podemos hacer otra cosa que imponernos nuestra propia misión, auto-obedecernos, "sí señora, señora" escoger un jamelgo y una armadura oxidada y salir ahí fuera, aunque nos perdamos sin mapa ni libro de pistas. 

Yo de pequeña tenía un libro de pistas de Monkey Island I editado por Lucas Art. Estaba escrito a modo de relato, como si fueran los diarios perdidos del mismísimo Guybrush Threepwood... Cómo me gustaba leerlo y recrearme jugando la vida de otros... sobre todo juegos de aventuras, siempre aventuras, supongo que para compensar. 

¡Mira detrás de ti, un mono de tres cabezas! qué frase mítica. 

Brrrrr, odiando los domingos forever.

   

miércoles, 18 de junio de 2014

Respecto a los caballeros

Estaba en un maldito atolladero. El decoro exigía que no actuase dominado por el pánico. Tenía un pánico mecánico y normal que le impulsaba a apartarse del dinero. Los caballeros no ganan dinero. Los caballeros, de hecho, no hacen nada. Se limitan a existir. Perfuman el aire como lirios virginales. El dinero les llega como el aire a través de los pétalos y las hojas. Así el mundo es mejor y más colorido. ¡Y, por supuesto, de ese modo la vida política puede seguir siendo limpia…! No se puede ganar dinero.
Ford Madox Ford. El final del Desfile. 
Esto me ha hecho reír...
(Dios salve a la ironía, esa grannnnn Diosa).






sábado, 7 de junio de 2014

El Final del Desfile

Ford Madox Ford era un tipo complejo. Los capítulos de su libro "El final del desfile" son largos, tan largos, tan densos, tan complejos, tan saturados... que a veces me dan ganas de gritar (o de coger aire). Y si embargo, no puedo dejar de leer uno hasta que llego al próximo, temo que si me dejo el capítulo a la mitad perderé algo que sólo encontraré si lo leo completo. Es un lento y confuso discurrir de puntos de vista, pensamientos y emociones encontrándose, es raro, agotador, y al mismo tiempo adictivo. 
Parece que cada capítulo es una obra de teatro que dura horas... a veces literalmente (de hecho, el libro, compuesto por 4 libros, tiene 900 páginas).

Joder, cómo ha cambiado la literatura en casi un siglo. 

Creo que tengo un crush con la literatura de principios del siglo XX. 
Creo que tengo un crush (severo) con el severo señor Christopher Tietjens y su manía de ser -tan íntegramente- él mismo.

-¡Ven con nosotros! llevo todo el día respondiendo a tonterías. Sólo me falta ver a otro idiota más y habré terminado por hoy.
Ella dijo:
-No puedo ir contigo, llorando así.
Él respondió:
-Pues claro que puedes. Aquí es precisamente donde lloran las mujeres. -Añadió-: Además, está Mark, es un borrico muy tranquilizador.
La llevó a donde estaba Mark.
-Ocúpate de la señorita Wannop -le pidió-. Querías hablar con ella ¿no? -Y corrió como un tendero diligente hacia el lúgubre vestíbulo. Tenía la sensación de que si no veía pronto a algún idiota imperturbable con insignias rojas, verdes, azules o rosas, que tuvieran ojos de pez y preguntase las cosas que preguntan los peces en las peceras, él también se vendría abajo y se echaría a llorar. ¡Con alivio! ¡No obstante, en aquel lugar también lloraban los hombres!

viernes, 25 de abril de 2014

A quién pueda importarle

Me encanta cuando en el telediario de Antena 3 hablan del "conflicto" Rusia-Ucrania, y para meternos en situación colocan un fondo de pantalla con el símbolo de la hoz y el martillo en color rojo en una esquinita... Es el resumen perfecto del nivelazo y seriedad que puede esperarse hoy día de los grandes medios de ¿comunicación?


  

viernes, 28 de marzo de 2014

La llegada de la Primavera

El muchacho hablaba y hablaba sin parar. El sol le caía sobre la cara y le obligaba a entrecerrar los ojos, que le lloraban por el exceso de luz. Y hablaba y hablaba, alzando las manos, la voz, el corazón, hasta el alma. 
Ella lo miraba sin creerle, sin estar convencida. Con dos rendijas por ojos y una puerta cerrada en la boca. De pronto una abeja que zumbaba de flor en flor fue directa a la boca abierta del muchacho, atraída quizás por la intensidad de su colorida voz. 
Él cayó fulminado, al instante, como si le hubieran matado con un disparo al cerebro. Cayó de lado, con la cabeza levemente hacia atrás, el pelo desparramado en el suelo, mientras ella gritaba y se tiraba a por él. "No, no, no" gritaba; los ojos le lloraban por el exceso de dolor. Lo sacudió, pidiéndole que despertara, pidiéndole que no se muriera. 
En la pálida cara del moribundo se dibujó una sonrisa que ella tardó bastante en descubrir. 
"Idiota" masculló, haciéndolo rodar en el suelo de un furioso empujón. Él se echó a reir, momento que aprovechó la abeja para salir, medio atontada, de su boca. Se fue zumbando, brillante de saliva humana, en busca de otra flor que transformar en miel.       

jueves, 27 de febrero de 2014

Tópicos infantiles

Me crié con un José, un Paco y un Antonio. A José le gustaba cantar, a Paco tocar la guitarra, y a Antonio hacer poesía. Dos de Cádiz y uno de Sevilla. Se puede decir que ellos formaban parte de un arquetipo, "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero..." aunque yo no nací en Sevilla, ni tuve huerto, ni un limonero, pero sí un patio soleado y una madre aficionada al flamenco. 
Esos tres genios (Camarón, Paco de Lucía y Machado) me hacen pensar en mi infancia, en otros años, muy atrás, cuando mi madre cantaba por bulerías mientras limpiaba la casa, pensando que nadie le prestaba atención. O en aquel verano de hace siglos, cuando compré un viejo libro en un puestecillo de segunda mano -con ese horrible papel megarreciclado y acartonado de color amarillo- "Antología de Antonio Machado" y me conmoví con ese hombre que decía: 

"Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar".  

Pues muertos están los tres, pero congelados en algún lugar de mi memoria. Memoria que por algún motivo se en empeña en asociarlos con esas tardes de verano jugando en el patio con mis hermanas, cuando no había mañana. ¿Esto es una señal de que me hago vieja no?

"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero..."  

¿Cómo expresarlo mejor? imposibol. Y mañana es el día de Andalucía. Olé.