domingo, 9 de mayo de 2010

The call of ktulu

Hoy me he levantado con ganas de ser otra persona, lo cual no es una novedad, me pasa continuamente. No quiero un cambio de identidad sino más bien, seguir siendo yo misma pero en un estadio evolutivo superior, renacida y gloriosa, amén, genuinamente distinta a quien soy ahora (en plan Gandalf en las Dos Torres cuando se reencuentra con Aragorn, Legolas y Gimli en el bosque y les suelta aquello de "ya no soy Gandalf el Gris, ahora soy Gandalf el Blanco"). Pero dado que no tengo esa capacidad de resucitarme, al menos que yo sepa, he cogido un trapo y me he puesto a limpiar en mi cubil para que los colores de los objetos que me rodean vuelvan a lucir en todo su esplendor. No es que me sienta particularmente distinta pero al menos he hecho una de esas cosas que siempre estoy posponiendo. Limpiar. Me gusta la historia y que el polvo se acumule en los rincones para darle un aire más histórico -tipo desván abandonado- a la habitación...
Estoy de vacaciones y con todo este tiempo libre flotando a mi alrededor no hago más que personalizarlo como si fuera un ente vivo que me odia. Por eso me entraron ganas de soltar una carcajada cuando viendo la nueva peli de Tim Burton, Alicia en el país de las Maravillas, la muchacha le suelta a la familia, que tanto espera de ella: "ya encontraré algo útil en lo que emplear mi vida". ¡Cuántas veces me habré dicho yo eso! y aquí estoy, riéndome de la ingenuidad de Alicia.
Tiempo, tiempo. Tiempo para pensar y hacer balance, para darte cuenta de que eres aprendiz de tantas cosas y maestra de absolutamente nada, de que empiezas pero nunca acabas casi nada de lo que empiezas y todo a tu alrededor tiene ese aire de tránsito, de promesa inacabada, interrumpida, mirándote con rencor desde todos lados, ya sea un lado espiritual o metafórico o algo más tangible, como las esquinas de la habitación, o los archivos del ordenador, esperando a que su señoría desee retomar la tarea que prometió que terminaría alguna vez. Y llego al punto de tener que comprometerme conmigo misma a acabar de leer esa puñetera novela que se me ha atragantado porque no soportaré otra carga de cosa-inacabada sobre mi lomo, aunque tenga que avanzar una página al día porque no aguanto una dosis mayor de palabras medio vacías, terminaré la maldita novela. ¿Y qué pasa? que con el paso de las páginas ha vuelto a ser tan interesante como lo fue al principio. Al fin, joder.
Al enumerar la gran mayoría de mis fallos y faltas se ve que he empleado la segunda persona del singular, pero al final he recuperado la primera persona del singular: Yo. Este podría ser el resumen, en general, de mis vacaciones: bucear desde la segunda persona del singular a la primera, serpenteando por el camino, volviendo atrás y otras veces hacia delante, y finalmente, aunque no de modo categórico porque el tiempo es cíclico, por ahora me quedaré en esta ala de la mansión de mi persona que se llama Yo.
A ello contribuye que me haya enganchado como una lerda a Deadwood, y también mi viaje en tren, porque viajar en tren me transforma en una viajera sin pasado ni futuro, atravesando el presente.
Deadwood porque es una serie que va del Salvaje Oeste donde todo el mundo es un poco salvaje y libre... no libre románticamente, pero sí de un modo peculiar , como puede serlo una sociedad recién nacida donde el poder todavía no es un ente inamovible e invisible como el que "disfrutamos" ahora. Allí el poder parece tener nombres y apellidos y a veces basta con cortarle el pescuezo a determinado sheriff, juez o gobernador, titular del tal nombre y apellido, para acabar con el poder. Con esto no estoy haciendo apología del politicidio o como se llame lo que sea que se llame que me incomoda bastante, pero me da la impresión, y a lo mejor me dejo llevar por el clásico mito "del buen salvaje" (idealizar las sociedades no excesivamente estatalizadas,como hacía Julio César con los Galos) de que en aquel tiempo la gente no estaba tan confundida como hoy día. Viajaban con su carromato o con su caballo de un pueblo a otro, con lo puesto y a empezar de nuevo, y lo tenían asumido, no era motivo de catástrofe épica, estaban hechos a la transitoriedad, ¿quizá no se tomaban tan en serio así mismos? Aparte de eso la serie está plagada de personajes profundos, densos y llenos de vida que muchas veces no son lo que parecen y acaban sorprendiéndote. Me encanta cuando una historia consigue eso. Y he de quitarme el sombrero por el que le escribe los diálogos al capullo de Al Swearengen, hacía tiempo que no me reía tanto escuchando una lista de insultos y expresiones barriobajeras tan geniales y sarcásticas.
En cuanto al viaje el tren, al combinarlo con canciones que nunca me había atrevido a escuchar por resultarme demasiado duras para mi oído (Mettalica, y por una buena razón, que tienen la extraña facultad de alterarme como a un perro) se convirtió en una especie de viaje eléctrico. Dejas de lado la primera impresión de AAJAJAHIDFFFFGRIIIIIIIAAAAAAA!!!!!!! y tratas de encontrar algo más al fondo, y al final hallas alguna joya en forma de Call of Ktulu,o Escape, y parece que no vas dentro del tren sino fuera, volando, como un rayo.

Voy a permitirme ser un rato Alicia o Escarlata O'hara, y ya lo pensaré mañana. Lo de hacer algo útil con mi vida.

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