viernes, 19 de marzo de 2010

Poesía... eres tú

De todas las artes que puede ejecutar el hombre la poesía me parece la más grande y la más enigmática, porque en ella se condensa un poco de todas las demás artes... Un buen poema invoca imágenes en la mente, se convierte en un cuadro lleno de formas y colores. Un buen poema, el poema perfecto, acaba teniendo cuerpo, se vuelve increíblemente material y físico, como una escultura. Un buen poema es una novela que condensa en unos versos toda una historia.
Los poetas son para mí magos que encajan determinadas palabras en un determinado orden de manera que nada sobra y nada falta. Todo queda mágicamente encajado en un ritmo de palabras que provocan una reacción en cadena dentro de la persona que lo lee, que se maravilla (yo me maravillo) de que el efecto sea obra de "simples" palabras seleccionadas y dispuestas en un orden simple y sencillo (porque en un buen poema nada es forzado, todo está donde debería estar) creando una especie de música.
Nunca sabes lo difícil que es hacer poesía hasta que tú lo intentas y te sientes como una gigante grande, torpe, pesada y comepiedras en medio de un bosque de vaporosas hadas. O sea, que no pintas una mierda allí, porque todo lo que tú haces es grueso y tosco, careces de esa grácil volatilidad de las hadas... Y entonces te das cuenta de que la poesía es un arte casi mágico y retorcidamente complicado, aunque muchas veces engañe y no parezca para nada lo que es en realidad. Como ejemplo de esta engañosa apariencia me acuerdo de ese poema tan breve e impactante que leí con 12 años y me dejó sin palabras. Lo reproducía Louis o Claudia, no me acuerdo, en "Entrevista con el Vampiro". Creo que era de Lord Byron pero no he logrado encontrarlo:

Cubridla, me deslumbra
Ha muerto joven

Un poema no es mátemáticas. No basta con hacer que A rime con B, aunque puede ser un comienzo... Es algo distinto, hay que poseer una destreza especial para seleccionar determinadas palabras que posean la capacidad de condensar en ellas mismas millones de emociones y sensaciones, y unidas al resto del conjunto del verso crean un "algo" que es inigualable. En la poesía no basta con el armazón o el caparazón, hay que adentrarse en la carne.
El profesor de "El Club de los Poetas Muertos" les hace arrancar a sus alumnos una introducción a la poesía que pretende comparar el valor de un poema con una simple ecuación matemática. ¡Así es!
La poesía es difícil, inaprensible y completamente subjetiva. Su valor depende del que escribe y del que lee y de lo que se crea entre los dos en ese momento. Pero también depende de otra cosa que no sé qué es, por eso me contento con mirar cómo lo hacen los maestros y a veces juego a emularlos sin tomarme jamás en serio los resultados.
Y he aquí mi último gran descubrimiento, José Hierro. Un poeta al que no sé cómo no he podido conocer antes, porque cuando lo leo me parece que somos hermanos. Sus palabras son palabras que condensan sentimientos y emociones que yo también he vivido y cuando él las pronuncia es como si también lo hiciera por mí.
Ese es el arte de la poesía. El poder de evocación, de transformación, de hermanamiento entre almas que ni siquiera se conocen (¿o sí se conocen?)


Luz de tarde

Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,
tornar a este instante.
Me da pena soñarme rompiendo mis alas
contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.

Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres
la apariencia tranquila del aire,
esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,
ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos,
cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...

Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas, guardar estas cosas.
Me da pena soñarme volviendo a buscarlas, volviendo a buscarme,
poblando otra tarde como ésta de ramas que guarde en mi alma,
aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse.


De "Alegría" 1947

PD. Y el puñetero tránsito de Neptuno sólo acaba de empezar, que los dioses me pillen confesada. (Para curiosear: A media voz)

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