viernes, 20 de enero de 2012

Apocalipsis now

Bueno, tengo esto abandonado y al final hemos llegado al año del Apocalipsis, tú y yo, juntos. Puestos a elegir, este parece un buen año, el mejor, para mandarlo todo a la mierda, con el aire funesto que circula por todo el planeta (y no me refiero a la polución, aunque también). Es un año cutre, chungo, penoso, con toda la gente hablando de corrupción, recortes, pobreza, miseria... y ojalá sólo se tratara de miseria económica, pero no, por desgracia abarca todos los palos del flamenco, blablabla. Sálvese quien pueda.
Ayer escucho a un tipo representante de una agencia de esas que no saben nada salvo de cifras macroeconómicas y se las trae al pairo la gente, las sociedades, los pueblos. Habla el tío con un castellano con acento de nosedonde, diciendo que las reformas y  recortes están bien pero son insuficientes, España tiene que recortar más en sanidad y educación. Y yo me pregunto qué derecho tiene a opinar respecto a lo que es de todos si a él solo le interesa lo que es de unos cuantos. ¿Quién coño gobiernan los países, para qué mierda fingimos vivir en un sistema democrático cuando los que dictan las normas a seguir son cuatro o cinco que, por cierto, no han pisado un hospital ni un colegio público en sus vidas ni tendrán que llevar allí a sus madres, hijos y familia porque les sobran los billetes y prefieren los lujos de la privada? Esa gente que dicta normas y directrices macroeconómicas sin pensar en la sociedad de a pie que tendrá que soportarlas son unos putos egoístas que no piensan en nadie más que en sí mismos y en los de su camarilla. Están cargándose la clase media. Están quedándose con todo el pastel, frotándose las manos ante las oportunidades empresariales que la crisis les ofrece, privatizando lo público,  creando un abismo entre pobres y ricos. Y nosotros somos idiotas por permitirlo y tragarnos el mensaje.
Estoy hasta los ovarios de esta campaña de desprestigio contra lo público. Ahora resulta que el gran demonio a exorcizar no son los especuladores sin escrúpulos, los creadores de burbujas tóxicas, los que quieren dinero rápido y ficticio y salen de puntillas cuando el desastre les estalla a otros en la cara, o los que gestionan nuestro dinero para engordar los bolsillos de sus empresas afines. NO, señoras y señores, resulta que la culpa de todo la tienen... ¡los funcionarios! los médicos, los profesores y los administrativos de ventanilla, que son todos unos vagos, que no quieren echar horas extras y que se creen que su puesto de trabajo les pertenece en propiedad. Esta mañana tengo que escuchar a un distinguido señor trajeado representante de no se quién, ni me importa -aunque me asusta que haya gente tan imbécil como para tragarse su mensaje- que habla de su experiencia personal en una oficina de justicia, donde los funcionarios entran a trabajar una hora más tarde de su horario, que le consta que no trabajan su jornada de siete horas estipulada, sino que echan cuatro o cinco como mucho, y que la culpa de que la justicia en este país sean tan pésima la tienen ellos. Y se queda tan pancho. 
Otra contertulia -representante de los funcionarios- le pide que especifique de qué oficina se trata, que de nombres y apellidos, que se moje en vez de espolear a los televidentes con el estereotipo generalizado del funcionario maleante. Cómo es lógico, el tipo no se moja (una de dos, o no tiene cojones para hacerlo sabiendo la que le vendrá encima, o no tiene pruebas y es un mentiroso). No nos engañemos, es esto lo único que hace -lo único que sabe hacer-: espolear las mentes de los miles de parados que están viendo la televisión, que no tienen un euro en el bolsillo, soltando ideologías por la boca disfrazadas de realidades abstractas, dándoles un enemigo fácil al que odiar, el funcionario maleante (¿quién no ha tenido una experiencia similar con un funcionario de ventanilla?). Y así se crean las turbas populares, se manipula a las masas y se crean grupos de opinión, blablabla, recurriendo al odio fácil y sencillo (argumento clásico para atacar también al inmigrante, al extranjero, a las minorías, etc). Es más fácil odiar a un yonki carterista, o a un funcionario de mal humor que se niega a sellarnos un documento, que a un tipo trajeado y engominado que acude a los tribunales con su elegante corbata por haberse quedado con cantidades indecentes de dinero de las arcas públicas (American Psycho, libro o película, retrata a la perfección la sencillez con la que se puede manipular la opinión de la gente con algo tan simple como las apariencias, que es lo mismo que decir "estereotipos") ¿Le interesa a la gente la verdad verdadera o es más fácil creerse el mito? ¿qué dicen esos manipuladores de la opinión pública que acusan a los inmigrantes de saquearnos la Seguridad Social del hecho de que ésta haya tenido un respiro gracias a las aportaciones y al crecimiento de la población inmigrante? 

Hechos, quiero hechos. Argumentos. Verdad. No me espolees con banderas e ideologías, convénceme con argumentos. Esto es pedir demasiado a nuestros gobernantes, políticos, estadistas y periodistas alimenta-campañas. Algunos se salvan, algunos están luchando por sacar la verdad a la luz pero, por desgracia, aún son pocos y con escasa audiencia.
 
Sí, hoy me estoy liando a insultar, he inhalado demasiado aguarrás pintando, y además, se me agota la paciencia y la diplomacia, de las que siempre he sido garante y representante. Desde que vi el documental "La Doctrina del Shock" (http://www.naomiklein.org/shock-doctrine) me quedé tan indignada, tan enfurecida, tan rabiosa, que mi furia va subiendo notas en la escala musical. DO-RE-MI-FA-SOL-LA-SIIIIIII...
Todavía me acuerdo cuando me explicaron aquello de los tres estamentos en el colegio respecto a la sociedad del Antiguo Régimen: Tres Estamentos, Nobleza, Clero y el saco roto del pueblo donde cabía de todo menos los otros dos. Y éstos, los más pobres y desgraciados, eran los únicos que pagaban y sostenían al Estado con sus impuestos, y yo me decía, ingenua de mí, ¿pero qué injusto, no? ¿no sería más lógico que contribuyeran todos y que pagara más el que más tiene? ay... que poco sabía yo de la vida entonces. 
Y aquí estamos, en el apocalipisis, con todas esas voces grises anunciando recortes, esfuerzos, sacrificios, quitándonos derechos conquistados, robándonos en nuestra jeta, pidiendo más "por el bien del Estado" mientras a las grandes fortunas (la Nobleza-Clero de hoy) no se les toca ni un pelo. Y nosotros, los de a pie, dejándonos engañar y manipular, dejándonos saquear con una sonrisa en la cara. Mientras cae en picado la venta de coches de gente de a pie y se duplican las ventas de los coches de lujo. Pero sí, ¡funcionarios a la calle! eso lo solucionará todo. 
Se me revuelve la bilis.
Y mientras en Cataluña muere una mujer a la que no operan en 4 días y a la que trasladan de hospital 5 veces, y todo porque con los recortes no hay quirófanos abiertos por las tardes, ni equipos preparados para operar, ni mierda. Y muere de un aneurisma por la desidia y la indiferencia de esos mamones que nos gobiernan y han despilfarrado el dinero de todos, que se han plegado sin rechistar a la dictadura del Mercado, esa gentuza que dice, "no es suficiente, aún hay que recortar más, cerrar más, privatizar más" y si muere la gente ¿qué coño me importa? no será mi madre ni mis hijos los que van a pudrirse en un hospital público, ¿por qué me iba a preocupar por las madres de los demás? que se la apañen. ¿Y tú te lo crees? ¿en serio?
Yo no me creo nada. Los casos de corrupción nos estallan en la cara. En mi ciudad abre un museo sin piezas ni obras. Uy, resulta que el Ayuntamiento les dio el dinero a una empresa gestora que debía encargarse de todo, pero varios años después el dinero del museo no está, y el museo tampoco. ¿Dónde se habrán metido? Quién sabe donde. ¿No había nadie que supervisara qué estaba pasando con el dinero público? jajaja, risitas. Bueno, dice el alcalde, al menos ahora tenemos un edificio rehabilitado para la ciudad, aunque esté vacío, sin museo.
También tenemos el primer y único aeropuerto peatonal del mundo en Castellón, sin aviones ni pasajeros, una ruina absoluta, una catástrofe, pero ¡ey! la gente puede pasear por las pistas de los aviones, ¿no es bonito? van allí a sacar a sus perros y a sus niños, y admirar al único aeropuerto fantasma del mundo, tan silencioso, oye! 
Pues no, la culpa de esta ruina, de esta estafa y este desfalco que ha costado 5 millones a las arcas públicas, no la tuvieron los profesores, ni los médicos de atención primaria, ni siquiera el funcionario de ventanilla que esta mañana no desayunó all bran de kellogs, la culpa la tiene un tipo trajeado y bien peinado que se cree Todopoderoso, que actúa con total impunidad bajo el disfraz de "servidor público" firmando contratos calamitosos con el dinero PÚBLICO, de todos, que regala a su amigote -dueño de la empresa encargada de construir el aeropuerto silencioso-. Se dan palmaditas en la espalda y se ríen juntos en su despacho mientras fuman puros, disfrutando del soleado futuro mientras se reparten el pastel que a los currantes de a pie les ha costado tanto sufragar. 
Estos caballeros tan distinguidos y sus amigotes que han disfrutado de los años del TodoEstáPermitido son los que de verdad tienen la culpa. Estos mismos que ahora nos dicen que tenemos que sacrificarnos un poquito más, sin rechistar, por el bien de todos. 
Y la culpa es nuestra, por dejar que los casos de corrupción no afecten lo más mínimo a los partidos políticos, que vuelven a revalidar su poder incluso con mayoría absoluta, es algo así como vergonozoso... Por creernos las mentiras, por dejarnos manipular, por aceptar las collejas mientras unos pocos privilegiados se compran ferraris.
Pues vale, estoy cabreada. Pero también desencantada y amargada pensando que sí, este debe ser el Apocalipsis, que no viene en forma de guerra ni meteorito llegado del remoto Universo, sino de patetismo y decadencia. Por ver las noticias, que en China hay revueltas en la calles, no claman mayor democracia o justicia, NO, es que no pueden comprar del nuevo Iphone porque las autoridades no pueden garantizar la seguridad de los vendedores de las tienda bajo el furor de las masas... buajaja. Lagrimita.
Marx dijo que la Religión era el opio del pueblo. Ahora la tecnología (internet, la televisión, las redes sociales, la ficción) es el nuevo opio.  "Pan y circo", que dijo Juvenal.
¡Bienvenidos a la Hiperrealidad! El verdadero Apocalipsis.

PD. Esto es lo que se dice un mal día!

   

viernes, 25 de noviembre de 2011

Porca miseria!

Después de una sesión de pintura como la de hoy quisiera arrancarme los ojos, clavarles palillos de dientes y colocarlos en el último piso de mi futura gigantesca e imaginaria tarta de cumpleaños para zampármelos sin masticar. 
O tal vez en una copa de martini, en sustitución de las aceitunas.
Por supuesto yo sabía que no sabía pintar antes de meterme en estos berenjenales, pero soy una ilusa incurable, nunca pierdo la esperanza de despertarme un día y descubrir que soy una genia picasiana... (la paciencia es una virtud hasta que se convierte en lacra y autoengaño y pérdida de tiempo).

Y hablando de decepciones, ¿qué ha sido de ti, Manolo? Me pierdes con tanto barroqui-qui-quisssmo, tantos rizos y tanta jodida poesía del Renacimiento... Fintas en las fintas de las fintas. Me alegro por tu éxito y tal y cual, pero ¿dónde leches quedaron las canciones afiladas como cuchillos, las sopas de letras instantáneas, el aire a loco urbano de alma mitológica, el burlarse de uno mismo?  lo echo de menos. Ya sé, que ya no tienes veinte años, que ya no eres el mismo que fuiste, pero jo, esa toga de sabiduría con la que te has revestido no me gusta nada... te hace parecer viejo, agotado y débil. Al final va a ser que la culpa de tu encanto la tenía Quimi Portet...

A las pruebas me remito:

Manolo García 2011 "Creyentes bajo torres de alta tensión"

He vuelto sin ti al rincón olvidado

de una infinita campiña sin senderos ni cercados.

He vuelto a esa nada poblada de calles

vacías de gente.

Como en un sueño, de todo ausente;

alejado y creyente de estampas, creyente.

Creyente en ejido anegado de alelíes,

de pájaros bobos, de poetas rotos

sobre las arterias

de asfalto que contigo arreciaron.

Hacia los confines vírgenes remotos

de cielos prometidos, falsos,

que son llanto quedo de garzas en vuelo.

Creyente sobre torre de marfil.

Creyente, creyente.

He vuelto sin ti al Edén soñado,

de una infinita campiña sin senderos ni cercados.

He vuelto a esa nada vacía de calles

pobladas de gente.

Como en un sueño, de todo ausente.

Alejado y creyente de Ilíadas, creyente.

Creyente en un campo anegado de pecados,

creyente en un pozo de petróleo en alta mar,

de pájaros bobos, de muñecas rotas bajo luminarias,

de calles que contigo amanecí,

hacia los confines de galaxias solitarias

porque al averno arrastran.

Creyente bajo torres de alta tensión.

Creyente en vuelo libre sin motivo ni motor.


El Último de la fila 1986 "Mi patria en mis zapatos"

Jamás he podido respetar esas extrañas leyes.
Jamás lo podré disimular,
luna vuela y hazme a mi volar.
Estás tan lejos de mí que a veces pienso que nunca te encontré.
Un mundo extraño, dormido, a punto siempre de estallar.
Digo que volveré, primero debo aprender a caminar.
Sin ti sobreviviré, muy lejos tu nombre me acompañará.

Mi patria en mis zapatos, mis manos son mi ejército;
nace luna fría, nace y hazme olvidar.
Mírame, soy provisional;
tú también y nadie te comprenderá.
Quédate un minuto más;
luna azul descansa y hazme descansar.

Correré y gritaré si realmente queda algo que gritar
Lucharé y conquistaré si en verdad queda algo por conquistar.
Hablar donde las palabras mueren; mis ojos llegan más allá;
soñar, trabajo de dioses; luna vuela y hazme a mí volar.
Extrañas leyes en un mundo extraño.
Como a una niña de verdad te encontré llorando
 
Tomorrow will be other day!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Triste Figura

Siempre quise visitar el Monasterio de Yuste, ese silencioso lugar donde Carlos I se retiró de la existencia mundana. Tuve la oportunidad de visitarlo y escuchar muchas de las historias del Rey de barbilla alzada, quien se declaró en luto perpetuo por su reina muerta y al final de su vida se lamentó de un reinado que  no fue más que una guerra tras otra, mientras su fantasía de imperio se desvanecía. Profundamente religioso (hasta la exasperación), enfermo de gota y lastrado por el dolor, cuando paseé por la que había sido su última morada, parecía seguir allí. En su pequeño despacho podía imaginar el crepitar de las llamas de la chimenea, aunque no estaba encendida. Al haberse declarado en luto perpetuo, todas las paredes de su casa-palacio estaban revestidas con pesadas cortinas negras que devoraban toda pequeña luz en aquel aislado rincón entre montañas. En su dormitorio, frente a su oscura cama de dosel y las cortinas de terciopelo negro inundándolo todo, casi pude sentir al hombre triste y patético que ubicó su cama frente a una ventana que daba al altar mayor del monasterio, para poder presenciar las misas de los monjes Jerónimos tres veces al día sin tener que levantarse de la cama. 
Pensé, cuánta tristeza y amargura concentrados en tan poco espacio. Pero también, mientras escuchaba el relato de la guía y miraba las expresiones serias del resto del grupo, cuánto patetismo que nos hace a todos humanos, que nos conecta unos a otros a pesar de los siglos de distancia y el rancio abolengo, siendo solo personas.  
Claro que luego se me acercó un guarda de seguridad para prohibirme que hiciera más fotos del interior del Real Sitio y me jodió todo el encanto humanístico del momento.      


miércoles, 5 de octubre de 2011

Moraleja a una lista adosada

-Cuando era pequeña estaba enganchada a los dinosaurios y fantaseaba con tener un cuello-largo de mascota (la peli "El Valle Encantado" tuvo mucho que ver)
-Para jugar mis padres nos compraban plastilina, arcilla, collages, acuarelas y pinturas. Sin saberlo, me lanzaron al lado oscuro.
-Me encantaban los libros de primaria. En particular, me fllipaban las ilustraciones sobre el Otoño, y mi dibujo "fetiche" era un árbol deshojado, acompañado de una niña con bufanda y paraguas.
-De mayor quería ser arqueóloga (es decir, Indiana Jones); también veterinaria, antropóloga y pintora.
-Empecé a jugar a Monkey Island con 9 años y de ese juego aprendí lo que era la ironía: "me das tanto miedo como el tope de una puerta", "cuando sólo hay un candidato, sólo hay una elección" o "tú eres cola, yo pegamento". Le debo tanto a Ron Gilbert...
-Me eduqué en un colegio religioso concertado, lo que generó conflictos mentales de todo tipo. Papá, mamá: ¿qué fue primero, los dinosaurios, los monos, o Adán y Eva?
-Mi madre alquilaba una serie de dibujos en el videoclub cuyos protagonistas eran los dioses del Olimpo. Con unos 4 o 5 años conocí a Apolo, Zeus y Atenea. Apolo tenía un carro de caballos con el que paseaba el sol por todo el cielo, y la diosa Iris estaba enamorada de él y lo perseguía sin descanso.
-Con 8 años mi hermana, mi vecina y yo fundamos el "club de los goonies" una cosa muy chorra para escribir teatrillos, cuentos y bazofias por el estilo. Escribimos una Constitución. Uno de los artículos decía: "hay que tener un cancán (vale el del vestido de la Comunión)". Hicimos una reforma exprés -al estilo Zapatero- cuando mi primo ingresó en el club, ya que él no tenía cancán.
-Cuando llegaba Navidad y tocaba hacer Cristmas, yo siempre dibujaba al niño Jesús en el pesebre como una bolita negra. Esta costumbre era todo un enigma para la familia (que yo alimenté encogiéndome de hombros cuando me preguntaban por qué no le dibujaba cara). El origen fue un cristmas en el que, tras ochenta intentos de pintarle cara al niño Jesús sin éxito, de puro cabreo le hice una bola negra por cabeza. Lo enseñé junto con el de mis hermanas. La curiosidad que despertó entre el público hizo el resto, me moló y lo convertí en mi sello de identidad (buahahaha qué morbosa era yo entonces).
-Veía la Bola de Cristal, como todo el mundo. Cuando tocaban videoclips aparecía en pantalla: "VIDEOS MUSICALES". Como no le ponían tilde a la i de vídeos (porque estaba en mayúscula) pensaba que habían cometido un error ortográfico, que en verdad querían decir "FIDEOS MUSICALES" ya que según mi lúcida mente la palabra "videos" no existía y la que más se le parecía era "fideos". Ya de pequeña se me iba la olla pero mucho mucho.
-Claro que al cerebro lo llamaba "celebro", a las lágrimas "grámilas", y nunca superé el trabalenguas "un tigre, dos tigres, tres trigues"

¿Qué más puedo decir? que queda patente una cosa: la infancia marca para el resto de la vida, ergo, cuida lo que ven, oyen y aprenden tus hijos, o cualquiera sabe en qué clase de adulto desembocarán (yo soy un claro ejemplo del riesgo que corren tus hijos). Conoce a sus profesores, defiéndelos, respétalos, el colegio es el microuniverso de la infancia, nuestro primer encuentro con la sociedad y nuestra primera oportunidad para aprender sus normas, ritmos y valores, y TODOS deberíamos tener derecho a una educación digna, respetuosa y de calidad sin importar el dinero que nuestros padres tengan en la cuenta corriente. Su abundancia o su escasez no debería dictar quién eres y cuáles van a ser tus oportunidades en esta vida.

Si este pensamiento es una ingenuidad, más ingenuo fue el cerebro que inventó el lema "Legalidad, Igualdad, Fraternidad" y mira lo lejos que llegó; porque aunque en determinados momentos su lema palidezca y hay incluso algunos supuestos "servidores públicos" que lo olvidan, sigue contaminando y motivando con éxito los cerebros de varias generaciones futuras.

Y que siga así, por los siglos de los siglos, Amén.


  




sábado, 23 de julio de 2011

Madrugada

Voy por la carretera, a las y pico mil de madrugada. Siempre vacía, ni una farola, ni una luz, salvo la de la luna llena. Desde que la abrieron y la crucé por primera vez sentí una especie de inquietud inexplicable. Algo que me picoteaba siempre que iba por allí, algo que me hacía creer por un segundo que la silueta de un árbol o de un matojo era otra cosa. Será porque siempre la atravieso de noche, en silencio, a oscuras.
Esta vez algo se cruza en mitad de mi carril, sólo un bulto pero es real, y aplasto el pie contra el freno (el ABS funciona, por suerte).
"¿Cómo lo has visto?" me pregunta mi hermana, porque no se ve un pijo.
Era un perro color canela. Dio media vuelta y salió corriendo, desapareciendo en la oscuridad de la carretera. Carne de cañón, me temo, al pie de la cuneta. 
Le deseé buena suerte. Mi corazón galopaba.
"Porque le estaba esperando", respondo. 
Tarde o temprano él y yo nos íbamos a encontrar allí; yo lo había sabido antes pero sin saberlo, lo descubrí de golpe en el preciso momento en que estuvimos frente a frente. 
Y ambos sobrevivimos al lance del destino.

domingo, 17 de julio de 2011

1º de bellas artes


Sigo torpemente ascendiendo el camino del Aprender.
One day over the rainbow....

PD. (Gracias a los que se dejaron plagiar sin saberlo, y gracias al friki de Woody Allen por "Midnight in Paris")

viernes, 3 de junio de 2011

Esa loca bajita

Desde siempre quise escribir. Cuando era una mocosa pronto quedó patente que la parte más desarrollada de mi naturaleza era la imaginación. Nunca me conformé con la vida a secas, era necesario amueblarla y adornarla para sentirla como propia, como verdadera, para que no se diluyera demasiado rápido.
Rellenaba diarios, escribía cuentos e historias; y en el cole, lo que atesoraba con mayor primor contra mi pecho eran las libretas de clase de redacción, donde cada semana escribíamos un cuento y lo rematábamos con un dibujo. Adoraba esas libretas (ojalá las conservara, pero tener una madre obsesionada con limpiar el trastero una vez al año me lo puso muy difícil), no solo las mías, también las de mis hermanas, y en especial, la libreta de redacción de 5º de EGB de mi hermana mayor, que pasé todo un verano releyendo con mi otra hermana, (sobre todo aquella historieta de la estación de esquí que tanto me gustaba recrear en la mente).

Sentía fascinación por la antiquísima máquina de escribir de mi padre, aunque al escribir se me escurrieran los dedos por entre las teclas (es una pena que la vendiera, hoy día valdría una pasta, hoy día, serviría para decorar un rincón del salón de la gente más super chic). Una se sentía vetusta y señorial delante de aquella máquina tan distinguida que olía a metal y a tinta, que pesaba tanto que era extraño que sólo sirviera para escribir. Escribir en ella te hacía sentir importante, y lo escrito en ella adoptaba inmediatamente una apariencia profesional con aquellas antiguas letras de imprenta (incluso aunque fuera un mini cuento de una gata callejera blanca que encuentra el amor de otro gato callejero y pasan el resto de su vida compartiendo felizmente las espinas de pescado que rebuscan en la basura). 
Tengo recuerdos de mí misma con unos ocho años, sola en el salón, en aquella mesa tan grande de color negro, frente a la gran máquina de escribir. Desempaquetándola con respeto reverencial, admirando la belleza de sus teclitas redondas que parecían flotar en el aire. Y ese sonido tan maravilloso al aporrearla torpemente... Entonces no sabía taquigrafía, mis dedos eran muy pequeños, sólo usaba el índice y el corazón para escribir, me fastidiaba que se me escurrieran por los huecos de las teclas y por eso iba muy despacio, concienzudamente.
Más tarde mi padre sustituyó la vieja máquina por una eléctrica, ligera como una pluma y fácil de transportar, con un asa para llevarla a modo de maletín. Sin embargo, a pesar de todas sus ventajas -especialmente reseñable que tuviera el salto de línea automático- escribir en ella perdió toda la magia primitiva, quizá porque yo era más mayor y menos impresionable, o tal vez porque carecía del encanto arcaico de la primera máquina, porque no olía a tinta, porque parecía tan vacía y funcional, sin las teclitas redondas flotando en el aire, sin ese fascinante espectáculo del bailoteo del metal llenando el papel. No sé. Porque al escribir en ella ya no te sentías especial, sino una oficinista cualquiera.

Cuando pasé de querer escribir por puro regocijo a querer ser escritora, la jodí. Perdí toda mi inocencia, toda capacidad para escribir sin pensar en las consecuencias, simplemente abriendo las compuertas y dejando volar la imaginación. Recuerdo tantas mamarrachadas, gilipolleces pre y post adolescentes, tan ruborizantes y ridículas, pero encantadoras por el mero hecho de ser libres y apoteósicas, escritas sin pensar en nada ni en nadie, sin rastro de esa sombra al acecho en la que luego se convirtió mi mente, cuando decidí ser escritora, cuando me convertí automáticamente en mi propia inquisidora a la que todo le parecía tan desprovisto de arte y perfección, tan cutre, tan infantil, tan chusco. Y así pasé años soportando los azotes de su vara verde. ¡Aprende a escribir!  ¡aprende las reglas! ¡no te salgas del esquema! ¡pobre inútil con sueños de grandeza!
Y ya no volví a escribir como antes, con esa inconsciencia ingenua, con ese placer absurdo, sin pedirle cuentas a nadie, sin releer jamás lo escrito, todo de corrido, todo a trompicones, soltándolo sin más. Pasé a escribir con la espada de Damocles apuntándome al cráneo, el ceño fruncido y los hombros tensos por todo el peso de una grandeza inexistente que he de soportar, que he de igualar, que estoy a años luz de alcanzar, que me empuja a asesinar el mínimo indicio de imperfección detectada en cada frase que sale de entre los dedos impulsadas por un cerebro repleto de ganas de hablar.

Y aquí me veo en este ciclo sin fin de fagocitación. Escribir, estocada de espada, aniquilación. Una mano invisible arranca la hoja de la máquina de escribir, y grita, ¡NO! ¡otra vez! y regresamos. Escribir, estocada de espada, aniquilación. Una mano invisible arranca la hoja de la máquina de escribir y grita, ¡NO! ¡otra vez! y regresamos. Escribir, estocada de espada, aniquilación. Una mano invisible arranca la hoja de la máquina de escribir y grita, ¡NO! ¡otra vez! y regresamos.

Hoy, décadas después de aquel fatídico día en que decidí tomarme en serio, estoy decidida a involucionar. 
Declaro que ya no quiero ser escritora, no valgo para eso, me basta con escribir sin esperar nada de mí misma, ni de nadie.